Apuntes para una participación universitaria protagónica y a la altura de las circunstancias en el debate de una nueva Ley de Educación para el Uruguay.

 

Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay

Agosto de 2005

 

 

1- INTRODUCCIÓN.

 

La perspectiva del inmediato abordaje de un “debate nacional” sobre educación de cara a la transformación de la Ley de Educación vigente significa una oportunidad histórica para lograr cambios impostergables en la educación de nuestro país.

Existen diferentes iniciativas y propuestas anunciadas o insinuadas respecto a cómo emprender este proceso de debate y construcción de una nueva legislación para lo que hoy es la ANEP. Como plantea Miguel Soler Roca: “Del cómo se hace una ley depende en parte lo que la misma logre prescribir”[1].

 

Una de estas propuestas fue la realizada a la Universidad por el Sr. Ministro de Educación y Cultura, Ing. Jorge Brovetto. Esta propuesta consistía en que la Universidad participara, junto con el MEC, la ANEP y la Comisión de Educación del Parlamento, en una coordinación desde la cual crear una “comisión de notables” que velara por el buen desarrollo y la pluralidad del debate.

El CDC discutió esta propuesta en su reunión del 14 de junio pasado, y resolvió:

 

“1) Expresar el beneplácito de la Universidad de la República por la iniciativa planteada por el
Ministerio de Educación y Cultura, respecto a la realización de un Debate Nacional sobre Educación.

2) Aceptar la convocatoria para la participación de la Universidad de la República en el mencionado Debate Nacional, realizada personalmente por el Señor Ministro, Ing. Jorge Brovetto, en reunión mantenida con el Señor Rector e integrantes de los órdenes universitarios el día lunes 6 de junio pasado.

3) Activar la realización de un debate interno en nuestra Universidad a los efectos de elaborar posturas institucionales consensuadas.

4) Remitir la versión taquigráfica de las expresiones vertidas en Sala en ocasión del
tratamiento del asunto, al Ministerio de Educación y Cultura. (19 en 19)” (Resolución No. 7 del CDC, 14/06/05)

 

Tal como consta en las actas de esa sesión, en el CDC no hubo acuerdo respecto a la propuesta específica de la creación de una “comisión de notables” que guiara y organizara el debate propuesto. La generalidad de la resolución (adoptada por unanimidad) expresa los puntos de acuerdo, omitiéndose la referencia a la propuesta concreta de la creación de una “comisión de notables”, por ser el tema de la metodología a adoptar para este debate un tema que no tenía suficiente discusión, ni mucho menos consenso, en el CDC.

 

A si mismo, no obstante haber resuelto “aceptar la convocatoria” a este “debate nacional”, y “activar la realización de un debate interno” para “elaborar posturas institucionales consensuadas”, este tema no ha estado desde entonces a consideración de ningún órgano de cogobierno. Ante esta situación, el Consejo Federal de la FEUU resolvió, en su reunión del día 25 de julio pasado:

 

“Visto:

 

-          Las diferentes manifestaciones públicas por parte de los gremios y sindicatos de la educación, así como del Ministerio de Educación y Cultura, la ANEP y la Comisión de Educación del Parlamento referentes a iniciar un debate nacional sobre la educación de cara a la elaboración de una nueva Ley de Educación para la ANEP. 

-          Las propuestas concretas existentes referentes a cómo organizar este debate nacional sobre educación, y la necesidad de que la Universidad se posicione al respecto.

 

Considerando:

 

-          El Artículo 2º de la Ley Orgánica de la Universidad de la República que plantea como uno de los fines de la Universidad “Estudiar los problemas de interés general y propender a su comprensión pública”.

-          La resolución adoptada por el Consejo Directivo Central de la Universidad de la República referente a la participación de la Universidad en un Debate Nacional sobre Educación, que en su punto tercero reza: “Activar la realización de un debate interno en nuestra Universidad a los efectos de elaborar posturas institucionales consensuadas” (Resolución Nº 7, 14/06/05)

-          La importancia de que la Universidad tenga una participación protagónica en todo el proceso de debate, incluida la propia organización del mismo.

-          Que actualmente la participación de la Universidad en este debate, o en su proceso de organización, no responde al tratamiento del tema por ningún ámbito de cogobierno.

-          La necesidad de que la participación universitaria se de desde posiciones institucionales autónomas, críticas y democráticamente construidas.

 

El Consejo Federal de la FEUU, en su reunión del 25 de julio de 2005, resuelve:

 

-          Proponer la inclusión del tema Ley de Educación como próximo punto a tratar por la Asamblea General del Claustro. 

-          Proponer la consideración por parte de la Asamblea General del Claustro de las diferentes propuestas referentes a la organización del debate nacional sobre educación de forma de asesorar al respecto al Consejo Directivo Central. ”  

 

 

Este era el estado de la discusión sobre este tema en la Universidad cuando el Ministro Brovetto convoca a la Comisión Coordinadora de la Educación. La reunión se realizó el pasado 28 de julio, y el orden del día –distribuido en sala- incluía un segundo punto que rezaba: “Debate educativo hacia una nueva Ley de Educación”.

Al tratar este punto, el Ministro realizó una propuesta de creación de una “comisión ad-hoc” de la Comisión Coordinadora de la Educación, la que tendría el cometido de “asegurar la pluralidad y participación en el debate”. La propuesta fue postergada hasta la próxima reunión a pedido del delegado estudiantil de la Universidad, dado la falta de una postura institucional respecto a la estrategia general de organización de este proceso de debate.  

 

Es necesario que la Universidad dedique a la discusión de este tema la atención que el mismo merece. Esperamos que este documento sirva para reconducir este tema a los ámbitos de cogobierno, y desde allí emprender una discusión profunda, autónoma, crítica y democrática. A la altura de las circunstancias.    

 

 

2- QUÉ ESTRATEGIA PARA EL DEBATE Y CONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA LEY DE EDUCACIÓN.

 

2.1- Necesidad de explicitar la estrategia.

 

En la mencionada reunión de la Comisión Coordinadora de la Educación, el Ministro anunció un objetivo (una nueva Ley de Educación), un plazo (este período de gobierno) y algunos principios del debate (pluralidad, participación). Luego de esto, Brovetto propuso un instrumento concreto: la “comisión ad-hoc”. Sin embargo, esta propuesta no provino ni fue fundamentada en función de determinada estrategia planteada para el logro del objetivo propuesto. Simplemente se anunció el objetivo y el instrumento.

Pensamos que la discusión de cualquier instrumento (comisión ad-hoc, grupo de trabajo, comisión de notables o mesas redondas) debe estar supeditada a una discusión mayor sobre qué estrategia adoptar para la construcción de una nueva Ley de Educación para nuestro país, en función de determinados principios y concepciones. A partir de la estrategia planteada se podrá discutir en concreto los mejores instrumentos para desarrollarla.

La discusión aislada de la creación de un instrumento, descontextualizada de la discusión mayor de cómo lograr el objetivo de la transformación de la Ley, significa desconocer que existen diferentes ideas y propuestas al respecto, e implica de hecho tomar postura por una de las estrategias que, en este caso, aparece velada, oculta, implícita en la aparentemente simple creación de una comisión. 

Es indispensable explicitar las diferentes estrategias planteadas a fin de dar una discusión franca, seria y profunda de este tema.

 

2.2- Los tres momentos del debate.

 

Pensamos que el debate nacional de cara a una nueva Ley de Educación, como proyecto nacional que debe ser construido entre todos, debe emprenderse en un proceso participativo y popular, encaminado hacia el Congreso Nacional de Educación. Este proceso, según ha sido promovido por diferentes gremiales de la educación (en particular la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria), contiene momentos diferenciados, con particularidades diferenciadas, según las cuales varía en cada etapa el lugar y rol de los actores en juego.

El mismo presidente del CODICEN, Prof. Yarzábal, se pronunció en este sentido en unas jornadas de consulta organizadas por la Comisión de Educación del Parlamento el 16 de mayo pasado. En esa oportunidad Yarzábal distinguió tres etapas en el proceso de debate:

 

a) Una etapa de debate social y popular.

b) Una etapa de carácter técnico pedagógico.

c) Una etapa legislativa (Congreso Nacional de Educación).

 

Consideramos de fundamental importancia la etapa de debate social y popular de forma de que sirva de base para las etapas siguientes, y no se vea de hecho sustituida por las mismas. Tal como plantea la Prof. Elsa Gatti: “habrá que mantener una permanente ´vigilancia` para que el 1er. momento, que es el más revulsivo y fecundo, que debería ser “fermental e instituyente”, no se diluya o quede neutralizado por alguno de los otros dos”[2].  

 

2.3- El Congreso Nacional de Educación.

 

Las gremiales de la enseñanza (estudiantiles, docentes y no docentes) en todos sus niveles, así como el movimiento sindical en su conjunto, hemos propuesto desde el año 2003 el impulso de un “Congreso Nacional de Educación” con el cometido de elaborar la futura Ley de Educación. Es llamativo que esta iniciativa, no obstante ser planteada con insistencia desde el año 2003 por los diferentes gremios y sindicatos de la educación así como por el PIT-CNT, halla desaparecido del debate oficial, y ni si quiera se la considere o mencione a la hora de definir aspectos de la organización de este “debate nacional”. Cuando en la reunión de la Comisión Coordinadora de la Educación, el delegado estudiantil de la Universidad preguntó si se estaba pensando en la convocatoria al Congreso Nacional de Educación, no obtuvo respuesta alguna.

 

Como fue dicho, pensamos que el proceso de debate y discusión, con sus tres etapas, debe culminar en el Congreso Nacional de Educación, concebido como el espacio legítimo de construcción y debate para la nueva Ley, ya que es éste el lugar en donde deben confluir las expectativas de todos los actores sociales organizados, y por ende es allí donde, precisamente, podremos realizar una síntesis que contemple la diversidad de experiencias cotidianas, y de proyectos de país y de mundo. Una existencia meramente nominal o testimonial, subordinada luego a una negociación político partidaria coyuntural, no sería más que repetir el carácter autoritario de la llamada “Ley Sanguinetti”, heredado por la Ley de Emergencia del ‘85, con las nefastas consecuencias que esto trajo.  

 

 

3- PRINCIPIOS RECTORES DEL DEBATE

 

Concebimos al proceso que lleve a una nueva Ley de Educación como un proceso de carácter nacional, popular, participativo, que involucre a los actores sociales no organizados, que llegue al medio rural, al Uruguay profundo y sus grandes olvidados. En nuestra historia reciente tenemos la nefasta experiencia del autoritarismo con que Germán Rama impuso su Reforma Educativa, y existe la saludable intención de no repetir lo mismo a la hora de debatir sobre una nueva Ley de Educación.

No obstante, hemos comprobado, en ocasiones, una especie de confusión o ambigüedad terminológica que creemos necesario saldar a la hora de definir algunos principios que deberían guiar el debate en sus diferentes etapas. Creemos necesario diferenciar conceptualmente a la consulta de la participación, y a ésta de lo que podríamos llamar una escenografía de participación, sin participación real.

 

Consulta. La consulta es un nivel de participación con determinadas características, alcances y limitaciones. Según su etimología, “consultar” significa “pensar con”. El mecanismo de consulta significa un nivel de participación más o menos puntual por el cual una parte convoca a la otra a fin de “pensar con” ésta determinadas cuestiones. La diversidad de actores que deberán participar en el proceso de debate, y las características de cada etapa requerirán la implementación de mecanismos de consulta. La entidad  organizadora del debate (comisión ad-hoc, o el instrumento que fuere, o el mismo Congreso Nacional de Educación una vez convocado) impulsará llegado el caso diferentes iniciativas de consulta (a actores sociales, a notables, a actores y experiencias de otros países, etc.). Los insumos de estas consultas volverán al ámbito de la entidad, digamos, consultante, quien los considerará o no, los tendrá en cuenta o no, los aceptará total o parcialmente, o no lo hará. En todo caso, el actor, digamos, consultado, no participará en la discusión, elaboración, síntesis y decisión sobre aquello por lo cual fue consultado.

 

Participación. La participación significa “formar parte de”, en este caso, de un proceso de debate y construcción de una nueva Ley de Educación. Formar parte del proceso en sus diferentes niveles y etapas, desde la propia organización del mismo, hasta su instancia final en el Congreso Nacional de Educación. Formar parte implica capacidad de propuesta y decisión, en una lógica horizontal de construcción colectiva entre diversos actores. Esto, lejos de negar la singularidad y las diferencias de los actores implicados, las potencia en el desarrollo de la tarea. Es necesario definir qué actores participarán en la entidad organizadora del debate, y qué actores tendrán una participación específica en determinadas etapas. Una vez integrados los ámbitos “participativos”, se podrán definir e impulsar otros niveles de participación, como las instancias de consulta.

 

Escenografía de participación. Si se confunde participación con consulta se corre el riesgo de montar una escenografía de participación sin participación real. Así, se montaría una gran maquinaria con amplificación mediática, diversos actores se sentarían en mesas redondas instaladas en todo el país, y al final del camino se resolvería el asunto según los vaivenes de la dinámica partidaria y sus posibles acuerdos coyunturales. Sería esta una solución mediocre a un desafío de orden superior, e implicaría desaprovechar una oportunidad histórica sin antecedentes en nuestro país.

 

A veinte años del “maquillaje de emergencia” a una ley de educación que avasalló la autonomía, que ha fomentando el individualismo, y ha habilitado la reducción del sistema educativo a una mera maquinaria reproductora, dando marco a una creciente mercantilización de la educación en todos sus niveles (sirviendo de sostén a una Reforma Educativa en la ANEP que desconoció sistemáticamente tanto a los actores educativos como sociales en general, para ponderar al sacrosanto Mercado como “regulador natural” de las relaciones educativas y sostén de los objetivos de nuestro accionar nacional en este tema) debemos intentar una amplia socialización del debate, de manera tal de encontrar entre todos una propuesta de futuro que de cuenta de nuestras aspiraciones como país, de nuestras múltiples formas identitarias, de los diferentes caminos que utilizamos para construir organización. Esto implica definir una metodología de debate en la que se marque sin restricciones un compromiso hacia el debate democrático, más allá de las puertas de Parlamentos o Ministerios, más allá de las fronteras y dinámicas partidarias. Estamos en un momento privilegiado para promover un debate nacional, popular y verdaderamente participativo. En la metodología que adoptemos para ello estará la justa medida de nuestro compromiso con la construcción popular del proyecto educativo de nuestro país.

 

 

4- SOBRE LA CREACIÓN DE UNA COMISIÓN ORGANIZADORA DEL DEBATE.

 

Una vez definido el objetivo de construir una nueva Ley de Educación, y una vez establecida la estrategia para alcanzarlo en un proceso de carácter nacional, popular y participativo, es necesario, entonces, definir qué entidad tendrá a cargo la organización e implementación de este proceso, así como sus cometidos e integración.

En este sentido, una primera cuestión a definir es el ámbito en el que se radicaría esta entidad organizadora del debate. Vale aquí considerar, entre otras, la propuesta realizada por el MEC sobre la creación de una comisión ad-hoc de la Comisión Coordinadora de la Enseñanza.

 

4.1- La propuesta del MEC.

 

Habiendo considerado la propuesta del MEC, y en función de las concepciones y propuestas ya expresadas en el documento, la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay entiende que el debate nacional de cara a una nueva Ley de Educación no debería ser organizado ni dirigido desde la Comisión Coordinadora de la Enseñanza del Ministerio de Educación y Cultura por los siguientes motivos:

 

a) Con esta decisión se situaría la implementación de este debate en una comisión instalada en el seno del Ministerio y bajo la presidencia del Ministro, lo cual genera una distorsión de la lógica en que debe emprenderse esta etapa de debate y construcción con especial respeto por las autonomías de los entes educativos, y distorsiona el lugar que debe ocupar cada actor en la organización y desarrollo de este debate.

b) La comisión Coordinadora de la Enseñanza es un organismo que otorga representación paritaria a organismos tan diferentes como la Universidad de la República y las universidades privadas, o los colegios católicos. 

c) Al estar esta comisión ad-hoc instalada en el seno de la Comisión Coordinadora de la Educación, eventualmente con la delegación de la organización del debate educativo a este ámbito se estaría resolviendo, de hecho, no otorgar participación directa en todo el proceso de organización y desarrollo del debate a actores significativos como ser las gremiales estudiantiles, docentes y de trabajadores no docentes de la educación.

 

Creemos que la instalación de la comisión en el seno del MEC contraviene el sentido participativo que se le quiere imprimir al proceso de debate, violenta la autonomía constitucionalmente consagrada a la ANEP (en el mismo sentido por el cual los acuerdos interpartidarios impulsados en el mes de febrero han impedido al CODICEN designar soberanamente los tres integrantes de los Consejos Desconcentrados de la ANEP), y contraviene la lógica horizontal que debe guiar la participación de los actores involucrados.

 

4.2- Creación de una Comisión Organizadora del Debate y sus cometidos.

 

Creemos que deberá erigirse una Comisión Organizadora del Debate de cara a una nueva Ley de Educación con los cometidos de diseñar mecanismos de implementación que permitan el desarrollo de las tres etapas mencionadas del proceso de discusión.

La Comisión Organizadora podrá convocar a diferentes instancias de consulta, así como crear los grupos de trabajo o subcomisiones que considere necesario a fin de recabar asesoramiento o avanzar en el trabajo de diferentes aspectos.

Esta Comisión, como fue dicho, no deberá estar radicada en el seno del Ministerio, y en determinado momento devendrá en la Comisión Convocante al Congreso Nacional de Educación, al cual se integrará en la fase final del proceso.

 

4.3- Integración de la Comisión.

 

Según las diferentes propuestas que se han realizado, pueden delimitarse al menos dos criterios de integración de la entidad organizadora del debate.

Un criterio puede ser el subyacente a una “Comisión de Notables, similar a la Comisión para la Paz”, tal como planteaba la propuesta original realizada por el Ministro Brovetto a la Universidad. Se trata de un criterio de supuesta representatividad, pero sin representación directa de los actores en juego. Entendemos que este criterio refuerza la “escenografía de participación” sin participación real, y genera la imposición del consenso sin procesos de construcción real de consensos.

Si realmente se quiere generar un proceso de construcción colectiva, popular y participativa de este proceso de debate, creemos que debe optarse por un criterio de representación directa de los actores que se considere deben integrar esta entidad organizadora del debate. En este sentido, acordamos con lo propuesto por Miguel Soler Roca, cuando plantea en trabajo ya citado que: “La Comisión será ampliamente participativa: en ella habrá representantes del Poder Ejecutivo, en particular del Ministerio de Educación y Cultura pero también de otros ministerios asociados a diversos títulos  al quehacer educativo, de las Comisiones pertinentes del Poder Legislativo, del Poder Judicial, de la Universidad de la República, del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), de las Asambleas Técnico Docentes, de todos los sindicatos de la enseñanza, del PIT-CNT, de las asociaciones de padres y madres vinculadas a la enseñanza, de las asociaciones de estudiantes, de las entidades vinculadas a la producción agraria e industrial, del Instituto Nacional de Colonización, de organizaciones no gubernamentales afines a la educación, de las entidades representativas de los medios de comunicación, y otras que se estime conveniente así como, a título individual, personas con competencias relevantes. En la composición de la Comisión  (cuyos miembros actuarán honorariamente) se buscará un equilibrio entre los representantes políticos, los profesionales de la educación, los juristas indispensables y los sectores de la sociedad que puedan ser considerados como componentes o colaboradores de la comunidad educativa”[3].

 

 

5- COMENTARIOS FINALES.

 

En un documento elaborado en conjunto entre la FEUU y el Centro de Estudiantes del IPA, declaramos:

 

  1. “Que no hay voz más legítima en un ser humano que su propia voz, ni forma organizativa más legítima para un colectivo que la que éste, autónomamente, resuelva darse.
  2. Que el saber técnico debería estar abocado a hacer posible la realización de los proyectos que los ciudadanos, en las formas colectivas que van encontrando en cada tiempo y situación, vayan construyendo como su propia visión colectiva de sociedad y de mundo.
  3. Que educar para la ciudadanía significa propiciar y promover que los sujetos encuentren formas propias y diversas de organizarse y autogestionarse en colectivo, de acuerdo a los que consideran sus necesidades y sueños, y a los proyectos que deciden construir para desarrollarlos.  Citando a un gran pensador de la educación “una educación que posibilite al hombre para la discusión valiente de su problemática, de la inserción que tiene su problemática...” ”una educación que lleve al hombre a una nueva posición frente a los problemas de su tiempo y de su espacio”.
  4. Que esto implica priorizar la enseñanza y el aprendizaje horizontal y colectivo de herramientas, que lejos de marcar las “formas correctas” de construir participación, permitan a cada ser humano imaginar y poner en práctica proyectos colectivos de acuerdo a su tiempo histórico.
  5. Que en este sentido, la autonomía y el cogobierno de los espacios educativos (formales y no formales) es la principal forma de lograr una educación realmente participativa, realmente nacional y realmente respetuosa de las diversas situaciones de vida en que los seres humanos nos encontramos inmersos. Autonomía que tiene que ser entendida en sus más amplios aspectos. Ya que de otro modo no se tendría una real autonomía.
  6. Que en este marco, inmersos en esta concepción de educación y de mundo, se vuelven infértiles, e incluso discriminativos, los enfoques que separan a las personas en jóvenes, niños, viejos, mujeres, hombres, heterosexuales, homosexuales, negros, blancos, etc; ya que para nosotros, el verdadero respeto por la diversidad se basa en la interacción colectiva de los seres humanos, y no en una segregación artificial de los mismos”[4].

 

Estamos convencidos que el proceso de elaboración de una nueva Ley de Educación en nuestro país debe contemplar estos principios, extendiéndolos a otros actores sociales que deberán ser protagonistas en esta discusión, como el movimiento sindical, el movimiento cooperativo, las organización de trabajadores y asalariados rurales, los actores del interior del país.

En el contexto histórico que vivimos, tenemos el desafío de discutir y construir en conjunto una educación que sea popular, integral, y transformadora de la sociedad y de los individuos. Transformación que tiene que pasar por una mayor horizontalidad de su estructura, por una verdadera participación de sus diferentes actores involucrados, por una vinculación más estrecha con la sociedad. Y todo esto comienza por ejercerse desde el momento mismo del inicio del proceso de debate.

En el documento mencionado decíamos junto al CEIPA: “La autonomía y el cogobierno es un punto de inflexión que por un lado expresa el largo proceso de luchas por una genuina democratización de la gestión educativa, y por otro, inaugura el inicio de un proceso de creación y cristalización de un nuevo proyecto educativo nacional, donde la dignidad de los fines no esté disociada e incomunicada de las practicas y de los medios concretos del acontecer educativo. En tal sentido entendemos que la construcción de un nuevo proyecto educativo nacional tiene que nacer inexorablemente de estructuras y procedimientos que garanticen la autentica participación resolutiva de los distintos agentes colectivos efectivamente vinculados al sistema educativo.” No se puede construir una Ley que consagre la participación sin participación real de los actores educativos.

 

¿Cuál es el rol que le compete a la Universidad en este proceso? Pensamos que es impostergable un cambio en la forma y lógica en que se ha dado la participación universitaria en este tema, procurando comprender la oportunidad y desafío histórico que se nos plantea, y procurando consolidar el mejor aporte posible a esta discusión. Y el mejor aporte posible es el que se construye desde los principios democráticos de la Universidad Latinoamericana.

Los mismos principios que guiaron a los universitarios que en 1935, en plena dictadura de Terra, elaboraron el Estatuto del ’35 que proponía un “Poder Autónomo Educativo”, y que sirvió de base para la posterior elaboración de la Ley Orgánica de 1958.

Los mismos principios que guiaron a la Universidad cuando, ante la discusión parlamentaria de la llamada “Ley Sanguinetti” (la más regresiva de la historia de nuestro país) realizó aquel magistral informe planteado por el Rector Maggiollo al Parlamento, en el cual se realizaba una decidida defensa de la autonomía avasallada por ese proyecto de ley, y se probaba cómo los supuestos filosóficos de la ley en cuestión eran los mismos de la Ley de Educación de la Italia fascista.   

 

La Universidad, los universitarios, debemos comprender el desafío histórico que tenemos por delante. Estamos ante la oportunidad histórica de impulsar un proceso inédito de construcción social, colectiva y popular de la educación de nuestro país. La Universidad debe participar en forma decidida, desde su rol, desde sus fines, desde su aporte específico, autónomo, crítico, y democráticamente construido.    

 

 

 

 

ASCEEP - FEUU



[1] SOLER ROCA, M; Pensando en la futura Ley de Educación de Uruguay, Barcelona, Marzo de 2005 (p.2).

[2] GATTI, E; Apuntes para empezar un dia-logos en torno al futuro de la educación, Documento presentado en jornada de trabajo del CODICEN, Montevideo, junio de 2005 (p. 4).

 

[3] SOELR ROCA, M; Ob. Cit. (p. 2 y 3).

[4] Documento conjunto de la FEUU y el CEIPA presentado en el Foro Montevideo de Educación.